2026-11-04

273.- Remanso del alma en calma

 


Dicen que nuestro mundo es ruidoso. En casa, en el campo, en la calle, en el coche, nuestro oído está siempre conectado a algo; tenemos miedo al silencio. En medio de los ruidos y dominados por la velocidad y por las prisas, vamos de acá para allá sin saber dónde, porque tenemos que hacer con rapidez el no se sabe qué. La falta de calma y de sosiego nos tiene inquietos y estresados. Ya hace algunos años, Thomas Merton nos decía que vivimos en una era de ansiedad, porque nosotros lo hemos querido así. En la confusión y el bullicio de la sociedad moderna otros han querido ver la manifestación de sus culpables yerros. Este aguerrido trapense, explorador cualificado de la intimidad profunda, nos habla del mundo del silencio como lugar de encuentro, como la dimensión más radical de nuestro ser; ya lo había hecho anteriormente Agustín de Hipona, quien, desde la distancia de los siglos, nos pregunta hoy a nosotros, que vivimos abrumados por los ruidos y las prisas: ¿A dónde vais? ¿A dónde corréis? ¿A dónde huis? ¿Por qué quieres esconderte de ti mismo? Después de experimentar el vacío de una vida extrovertida y licenciosa, Agustín sintió la necesidad de volver sobre sí mismo y allí encontró lo que buscaba.

Remanso de paz es nuestra interior morada, donde el artista encuentra sentimientos hermosos, el guerrero motivos para seguir luchando y el peregrino andante refugio para un solaz descanso. En algún momento de la vida, todos necesitamos treguas para curar nuestras heridas, un retiro interior para alejarnos un poco del mundanal ruido que nos tiene atrapados en sus redes, un cobijo seguro que nos ponga a salvo mientras la tormenta dura y poder luego volver a nuestro puesto de trabajo con fuerzas renovadas.

Si un día pudiéramos llegar a ese puerto tranquilo que tenemos en el alma y sentarnos sin prisas en la arena soleada de sus playas, al abrigo del viento y de las olas, tal vez viéramos pasar las horas lentamente y preguntarnos despacio dónde poder encontrar la alegría de vivir en paz y en calma, porque la vida no se puede beber de un solo sorbo, sino saborearla desde dentro, poco a poco, sabiendo que se está viviendo. La dispersión y el aturdimiento no son lo que los hombres y mujeres necesitan. Hasta puede que sea verdad que al ser humano hay que medirle y valorarle por el grado de interiorización de que es capaz.

Es fácil perderse por caminos intrincados de este mundo nuestro, vivir enajenado, olvidar lo que somos, vernos como extraños a nosotros mismos. Fácil es también cansarse hasta el agotamiento, sentir el desaliento y el hastío; por eso hay que saber hacer un alto en el camino, cuando llegue el momento, y hacerlo en el lugar de espera que llevamos dentro. Allí podremos descansar tranquilos, en silenciosa calma, limpiarnos el sudor y el polvo del camino, recuperar el norte. Antes de comenzar a vagar por este mundo debiéramos saber que aprender a vivir es ser consciente de todo lo que hacemos, darnos cuenta de que estamos y somos de este mundo, el que nos ha tocado en suerte y al que debemos servir. Acomodarnos a él es solo una exigencia, no es desgracia. La desgracia sería no aprender a vivir por dentro y desde dentro, quedando a merced del torbellino que vertiginosamente nos arrastra, robándonos la calma

273.- Remanso del alma en calma

  Dicen que nuestro mundo es ruidoso. En casa, en el campo, en la calle, en el coche, nuestro oído está siempre conectado a algo; tenemos mi...