2026-09-18

268.- ¿Es compatible el marxismo con el cristianismo?


 Sabido es de todos la aversión de Marx por el cristianismo al que consideraba como un apéndice del capitalismo, calificándole como el opio del pueblo.   Por su parte la Iglesia Católica rechazó al marxismo con la misma contundencia por su condición de materialista y ateo, sin que faltaran intentos de conciliación entre ambos formas de entender la historia.  Teniendo en cuenta el magisterio de la Iglesia vamos a detenernos en la controversia habida en los últimos tiempos sobre este tema y poder extraer algún tipo de conclusiones.

Por paradójico que parezca el primer intento de aproximación tuvo lugar en las postrimerías del siglo XIX de la mano de Friedrich Engels quien al final de su vida sacó a la luz un trabajo titulado “Contribución a la historia del cristianismo primitivo”, en  el que  se muestra  un  asombroso paralelismo entre el comunismo y las primeras comunidades cristianas perseguidas.  Tres años antes León XIII había publicado su encíclica Rerum Novarum  en la que la propiedad privada era defendida por ser un derecho natural de todo ser humano, al tiempo que se condenaba  el enfrentamiento y la lucha de clases, por no corresponderse con la caridad cristiana. Vendría después Pío XI, ya implantado el comunismo en la URSS, quien de forma tajante dejó sentenciado en su encíclica “ Divini Redemptoris” que el marxismo es intrínsecamente perverso e incompatible con la fe católica en todas sus facetas. En 1949 Pio XII  a través de un decreto del Santo Oficio  condenaba el comunismo  y excomulgaba a los católicos que se declaraban comunistas  o colaboraran con partidos comunistas.

Las cosas cambiarían con el concilio Vaticano II y la estrategia habría de ser otra.  Se iniciaba un periodo de apertura en el que la censura daba paso al diálogo, abriéndose a la posibilidad de que en temas referentes a la justicia social se diera algún tipo de acercamiento entre marxismo y cristianismo. Ello fue motivo para que en Europa se iniciaran movimientos protagonizados por los denominados curas obreros, muchos de ellos politizados que compartían la preocupación marxista por las clases trabajadoras. Se trataba de una organización de sacerdotes católicos impulsada por el cardenal Suhard que allá por los años 1944 primero en  Europa y posteriormente en  América Latina decidieron vivir su vocación  desde  fuera de los templos, utilizando conceptos marxistas  como por ejemplo la lucha de clases  o la alienación económica   con todos los riesgos que ello  comporta.  En el caso concreto de España   fueron muchos los curas que siguiendo el ejemplo francés trabajaron en las fábricas, en las labores del campo incluso en la construcción y creyendo seguir   las instrucciones del concilio  Vaticano II  se aliaron con grupos como la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y la Juventud Obrera Cristiana (JOC) , prestando su ayuda en  la organización de sindicatos clandestinos como por ejemplo Comisiones Obreras. Fue el momento en que militantes comunistas se infiltraran en movimientos y organizaciones eclesiales, como por ejemplo la Acción Católica dinamitándolas por dentro.  España no solamente tuvo que soportar la embestida de los curas obreros sino también de los denominados curas rojos marxistas o simpatizante del marxismo, muchos de ellos párrocos o profesores que con perfil diferente a los curas obreros,  colaboraron conjuntamente  haciendo causa común con el comunismo, tratando de desestabilizar al régimen franquista o más concretamente, intentando  romper los fuertes lazos, que le mantenían unido  a la Iglesia   Católica.  En esta operación de desenganche de la iglesia con el estado español estaba interesado el papa Pablo VI, después de que en el concilio Vaticano II se estableciera el principio de libertad religiosa y la separación de  los dos poderes, confiando esta misión al cardenal Vicente Enrique y Tarancón, por aquel entonces presidente de la Conferencia Episcopal Española y al nuncio apostólico Luigi Dadaglio. Fueron  unos años convulsos y difíciles, más aun hubo momentos en que parecía que el asunto se les iba de las manos, debido a la presión ejercida por grupos comunistas infiltrados. Si tuviéramos que hacer balance de este periodo histórico  a tenor de los resultados  tendríamos que calificarles de catastróficos. Los seminarios y centros de formación religiosa en declive , cristianos que perdieron la fe , desbandada de  religiosos y sacerdotes que colgaron los hábitos o las sotanas y desconcierto generalizado en el pueblo de Dios. Conmocionado por todo  lo que estaba sucediendo  el papa Pablo VI no dudó en decir que el humo de satanás había entrado por las grietas de los muros de la iglesia.

La crisis posconciliar se extendió a  América Latina culminando con  el movimiento de la Teología de la Liberación que ya desde el principio se mostró influenciado por la ideología marxista hasta llegar a  comprometer la fe. Ya no era solo teorizar sobre el materialismo histórico y la lucha de clases para explicar la opresión  económica y social de los más pobres en estos países, sino que muchos de su miembros habrían de participar activamente en acción revolucionaria.  La Teología de la Liberación surge hacia el 1960 como una corriente que trata de interpretar el evangelio al trasluz de la pobreza y opresión  que sufren los obreros y campesinos del continente Latino Americano, tomando como reclamo la llamada del Concilio Vaticano II y de  la Conferencia Episcopal de Medellín  que instaba a prestar ayuda a los más pobres y vulnerables. En los orígenes de esta corriente hay que colocar a Gustavo Gutiérrez quien en 1971 publicó su obra titulada “ Teología de la Liberación”  que marcaría las pautas de lo que habría de ser en un futuro la corriente liberacionista. Pronto se le unieron, otros sacerdotes, comunidades eclesiales de base y organizaciones   sociales y de resistencia. A medida que fue tomando cuerpo esta organización fue radicalizándose; primero asumiendo conceptos marxistas, luego politizando el evangelio o anteponiendo la liberación material por encima de la espiritual,  hasta llegar a apoyar la lucha armada e  incluso formar parte de los grupos guerrilleros, llegándose a crear , por decirlo de alguna manera, variados y diferentes tipos de teología de liberación, porque no todos pensaban  de idéntica manera y por lo tanto el juicio valorativo no puede ser el mismo. La situación creada llegó a ser preocupante por lo que la respuesta por parte del Vaticano no tardó en llegar,  a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida por el cardenal Joseph Ratzinger,  sacando  dos instrucciones:  Una fue  la Libertatis nuntius (1984), que advertía sobre los peligros del marxismo,  señalando claramente que la liberación del pecado era la primera y fundamental  liberación para poder enfrentarnos a las liberaciones terrenas. La otra Libertatis conscientia (1986),  donde se proponía como modelo a seguir la doctrina social de la Iglesia para hacer frente a la situación que se vivía en América Latina. Posteriormente, Juan Pablo II  acabó cuestionando la postura  de Gustavo Gutiérrez y sancionóando a Leonardo Boff quien acabaría saliéndose de la orden franciscana y  abandonando el sacerdocio.

Con la llegada al pontificado de Francisco, tanto Gustavo Gutiérrez  a nivel personal como la Teología de la Liberación a nivel general tuvieron otro tratamiento. Se enfatizó el trato preferencial de los pobres, se ensalzó el trabajo en favor de los más necesitados, se levantaron sanciones a sacerdotes castigados, el obispo Oscar Romero fue elevado a los altares y se iniciaría el proceso de canonización de Ignacio Ellacuría, que no es poca cosa. Sin duda  la actitud del papa argentino no fue la misma que la de su antecesor pero ello no puede ser interpretado en el sentido de que Francisco  fuera  un defensor a ultranza de la Teología de la Liberación, ni que se mostrara favorable a la tesis de la compatibilidad  entre marxismo y cristianismo sino que bien mirado, todo se redujo a una política de gestos, que eso sí, bien pudieran haber servido para que se siguiera  hablando de  esta corriente, aunque con otros planteamientos , sin que se sepa, si nos encontramos  en realidad ante los mismos perros con distintos callares.

En ocasiones da la impresión de que muchos cristianos, herederos de la Teología de la Liberación,  continúan apostando por un encuentro con el marxismo para  hacer un frente común contra la opresión y desigualdad.  La  actual  desacralización del cristianismo y el nuevo empuje de la ideologías neomarxistas  en temas referentes a la migración, a la  ecología planetaria, justicia social, defensa de los más vulnerables, crítica al capitalismo,  así como a las desigualdades extremas y una mayor atención a la emancipación terrenal sobre la dimensión trascendente de la vida, entre otros,  está haciendo  que en algunos sectores del catolicismo, vuelva a plantear   la posibilidad de un  entendimiento entre ambas posturas que parecía roto  definitivamente a comienzos del siglo XXI.

Puede que como consecuencia de todo lo dicho,  de un tiempo a esta parte se ha dejado de hablar de la caridad cristiana, dando por sentado que el dialogo socio – religioso ha de girar en torno a la solidaridad como punto de encuentro que permite a creyentes y no creyentes trabajar juntos en orden a combatir la desigualdad , la discriminación y la injusticia, lo cual puede ser un grave error sobre todo si la solidaridad es entendida al modo marxista. La solidaridad deja de ser virtud cuando no es voluntaria, sino que viene impuesta por el estado. Más aún, la solidaridad no se compadece con la justicia, cuando a unos se les quita lo que legítimamente les pertenece para dárselo a los otros, prescindiendo de cual sea su “status”  o  condición social. Esta solidaridad de que nos hablan los políticos se ha vuelto sospechosa y hay  quien piensan que es una forma abominable de clientelismo político.

El hecho es, que  en muchos sectores católicos se habla poco de Dios y mucho del hombre, poco de los derechos divinos y mucho de los derechos humanos como si  todo estuviera llamado a resolverse en el marco en un humanismo homocéntrico. Habría que recordar  que esto precisamente es a lo que conduce  el marxismo materialista y ateo   y que pio XI dejó bien claro al  proclamar en su encíclica Divini Redemptoris que el comunismo es perverso  porque expulsa a Dios de la sociedad y de las conciencias, acaba con las familias y la educación cristiana, suprime la libertad individual poniendo como pretexto la igualdad de todos, atenta contra el orden natural, negando el derecho a la propiedad privada, fomenta el odio y no el amor fraternal entre los hombres y su ultima meta es la consecución  de un estado comunista con poder totalitario.

Cierto es que el neomarxismo ha cambiado de estrategia. Se ha olvidada  de la tradicional lucha de clases entre patronos y obreros para  aprovecharse, si llega la ocasión de  nuevas estructuras como la OGS  y  servirse de otros sujetos de lucha como pueden ser grupos marginados, movimientos feministas y ecologistas, minorías étnicas, estudiantes, desempleados etc. De lo que se trata es de agrupar la distintas demandas, que  Laclau y Mouffe denominan populismo de izquierdas interseccional  con el fin de desestabilizar el orden establecido, cuestionando la familia, la religión , el sistema judicial o la iniciativa personal y lo mismo podíamos decir  con respecto al factor económico que ha ido perdiendo fuelle para centrarse en el factor cultural e institucional  Es así como  el neomarxismo de hoy  a instancias de Gramsci intenta dar la batalla en el ámbito cultural, haciéndose presente en las universidades, en los medios de comunicación, en el cine, la literatura, el arte etc , para desde estos escenarios ir imponiendo sus valores y  su visión del mundo. Todo esto estaría pensado para que los cuadros ideológicos del partido dieran  el salto a las instituciones y  así poder acaparar, puestos importantes en la administración pública, tales como direcciones generales, ministerios, cargos relevantes en organismos internacionales o representación en el poder judicial; en una palabra meter la cabeza en el engranaje del estado y una vez dentro utilizar el presupuesto público, las leyes y los programas para  reconvertir, la dominación ideológica en política de estado, sin que apenas se note y lo que es más importante sin tener que recurrir a una revolución violenta.

A pesar de las diferencias existentes entre el marxismo tradicional de Marx y  el diseñada por la Escuela de Fráncfort, lo que puede decirse en términos generales, es que el neomarxismo,  al oponerse a la propiedad privada de los medios de producción no está siendo justo y por supuesto, con ello genera más problemas de los que resuelve.  Sobre este punto debieran reflexionar  muy seriamente todos aquellos creyentes católicos que dicen ser cristianos en lo religioso, pero que en lo político se consideran marxistas.

2026-09-10

267.- Lugar del hombre en el cosmos

 


 

Nuestro sitio está aquí, en un mundo con fronteras, pero que nos pertenece a todos. Formamos parte de él y, a la vez, le poseemos con nuestro pensamiento y le trascendemos con nuestro espíritu inmortal.

Hace algunos años, el filósofo alemán Max Scheler sacaba a la luz un libro titulado Puesto del hombre en el cosmos, que poco a poco se ha ido convirtiendo en una obra de obligada referencia para antropólogos y filósofos.

En ella, el autor trata de responder a las grandes cuestiones: ¿qué es el hombre? y ¿qué lugar ocupa en el entorno de la realidad que le circunda?

Para Scheler, el hombre sigue siendo una realidad dual, pero no compuesta de cuerpo y alma, sino de vida y espíritu. La vida vendría a equivaler al cuerpo y el espíritu equivaldría a la razón de los griegos, pero en un sentido más extensivo y amplio.

Como las demás realidades mundanas, los hombres y mujeres ocupamos un espacio y un lugar desde donde nos hacemos presentes. A su vez, los físicos y los astrónomos siguen discutiendo sobre el origen del cosmos y cómo nosotros, los humanos, hemos llegado hasta él.

Lo que parece evidente es que el mundo está ahí y que nosotros estamos en el mundo y lo estamos de modo privilegiado. ¿O no es tan evidente?

Max Scheler y su reflexión filosófica sobre el lugar del ser humano en el cosmos.

¿OCUPA EL SER HUMANO UN LUGAR PREFERENTE?

¿Será verdad que los hombres y mujeres de esta tierra ocupamos el centro de los mundos?

Naturalmente, no estoy hablando de un centro geofísico, pues sabido es que la Tierra en que habitamos es un puntito minúsculo, perdido en la inmensidad de miles de galaxias.

Cuando digo centro, me refiero a una posición preferencial, a ser los primeros, los más importantes en orden a la dignidad y la excelencia.

Es así como lo quiso nuestro Creador:

“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes y el hijo del hombre para que de él te cuides? Lo has hecho poco inferior a los ángeles, le has coronado de gloria y majestad. Le diste señorío sobre las obras de tus manos. Todo lo sometiste bajo sus pies”. (Salmo 8).

LA CAPACIDAD DEL SER HUMANO PARA TRASCENDER EL MUNDO

El lugar preferente que ocupamos queda representado en nuestra capacidad mental, en nuestro poder de subjetivación.

Él nos ha hecho así.

El ser humano aparece como un sujeto rodeado de objetos; incluso el mismo universo no deja de ser un objeto del que podemos disponer y, en el orden mental, todos los hombres y mujeres somos capaces de algo sorprendente, cual es poder escapar del mundo sin dejar de estar dentro del mismo.

Prodigioso, realmente prodigioso.

Cualquiera, sin abandonar la silla en la que está sentado, puede trasladarse con su imaginación, ayudado por una cinta de vídeo, a cualquier punto de la Tierra, atravesar galaxias, sobrepasar los confines del cosmos.

Lo puede hacer el enfermo postrado en una cama, lo puede hacer el preso retenido entre rejas; todos lo podemos hacer, sin movernos del lugar donde nos encontramos.

La imaginación permite al ser humano trascender el mundo sin dejar de formar parte de él.

ESTAR EN EL MUNDO SIN SER DEL MUNDO

Estar en el mundo, sin ser del mundo, ha sido siempre la misión del místico cristiano, un sueño sublime que algunos humanos han hecho realidad.

Estar en el mundo, sin ser del mundo, sigue siendo afortunadamente una aventura apasionante para muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Los contemplativos de hoy y de siempre son un ejemplo de cómo se puede “ser sin estar”.

Cuando yo, en alguna ocasión, he podido visitar a estas almas contemplativas, dentro de su recinto enclaustrado, me he quedado con la impresión de que yo mismo estaba siendo testigo de esta maravillosa experiencia.


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Sobre la autoría

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Ángel Gutiérrez Sanz

Escritor y colaborador cultural en GraZie Magazine | Web

VIDA Y OBRA DE ÁNGEL GUTIÉRREZ SANZ

Ángel Gutiérrez Sanz nace en Alaraz (Salamanca) 20 de Julio (1939) en el seno de una familia cristiana, donde se tenía aprecio por la cultura. Fue el más pequeño de una familia numerosa, integrada por siete hermanos. Aquí aprendería las primeras letras. Apenas cumplidos los 11 años, abandona su pueblo natal con destino al internado que los PP. Dominicos tenían en La Mejorada, provincia de Valladolid, luego vendrían otros internados en la provincia de Segovia, Toledo y Ávila, por lo que solo pudo disfrutar del calor de familia en las vacaciones estivales. A los 12 años murió su padre y a los 23, aún sin haber concluido su carrera de filosofía en Madrid, murió su madre, por lo que se vio obligado a trabajar para costearse sus estudios de Filosofía, graduándose finalmente en Madrid por la Universidad Complutense, el año 1964.

Una vez licenciado en Filosofía y Letras y con los estudios completos de Teología, se puso a trabajar como profesor en colegios privados de Madrid. Posteriormente obtendría el grado de doctor por la misma universidad Complutense de Madrid, pero antes de que esto sucediera, fue llamado a filas y tuvo que cumplir su servicio militar, lo que supondría para él un grave contratiempo, al ver truncada su carrera y su vida profesional apenas iniciada. Una vez cumplidas sus obligaciones con la Patria, fue admitido en el mismo colegio que estaba trabajando y la vida volvería a recobrar su ritmo.

En el año 1967 se casaría con la pedagoga Francisca Abad Martín, fijando su residencia en Madrid.

A partir de este momento, Gutiérrez Sanz vivió entregado a la vida familiar, que supo conjugar perfectamente con su profesión de docente y también con sus estudios, porque en los primeros años de matrimonio, Ángel Gutiérrez estaba ocupado en preparar sus oposiciones, para obtener una plaza como profesor numerario de filosofía, a la vez que trataba de concluir su tesis doctoral. Fueron años difíciles, en que tuvo que trabajar duro y sin tregua, para conseguir lo que consiguió.  Cierto que a su lado tuvo siempre a una amiga y colaboradora, que siendo ya madre, no solo supo hacer frente a las circunstancias, manteniendo intacta durante cinco años la licencia por estudios, concedida por el Ministerio de Educación, para que pudiera cursar la carrera de Pedagogía, sino que logró que los ojos de su marido pudieran contemplar la realidad con el verde de la esperanza.

Pasados estos primeros años de matrimonio, la situación fue mejorando. La tesis doctoral que llevaría por título "La Ética en Baltasar Gracián" llegó a feliz término, mereciendo la máxima calificación de "Sobresaliente cum laude", siendo publicada posteriormente. Y sobre todo la obtención de una plaza como profesor titular de filosofía y luego como catedrático de esta misma asignatura, iba a suponer que Gutiérrez Sanz pudiera dedicarse a su pasión de escribir.

En su dilatada vida docente en la enseñanza publica, ha desempeñando diversos cargos directivos, pero ello no ha sido obstáculo para seguir trabajando en el campo de la investigación. Su compromiso   al servicio de la cultura ha quedado patente, tanto en las aulas como fuera de ellas, bien como conferenciante en diversos foros, en el Ateneo de Madrid por ejemplo, así como en colaboración con diversos medios de comunicación social, a través de revistas filosófico-teológicas, históricas. educativas o de pensamiento.

Digno de reseñar es que, siendo catedrático y jefe del Seminario de Filosofía del Instituto Miguel Servet de Madrid y en colaboración con un equipo de profesores de este mismo seminario, obtuvo el Primer Premio Nacional del Segundo Concurso de Prensa sobre artículos, en la modalidad de reportajes sobre Pedagogía, convocado por la Fundación Santa María (S.M.).

En el año 1990, Ediciones TAU saca a la luz su primer libro titulado " Aspectos de una sociedad en crisis", en donde el autor apunta las directrices por donde habría de discurrir su pensamiento.

A partir de entonces su vocación como escritor fue haciéndose más determinante, hasta el momento de su jubilación.

MÁS INFORMACIÓN EN: https://blogculturalgutierrezsanzangel.blogspot.com/p/sobre-mi_10.html

2026-09-01

266.- La ocasión desaprovechada

 



En la existencia humana hay momentos en que afloran situaciones favorables especiales, de las que se podría sacar provecho. Son ocasiones que se ponen a tiro, incluso sin buscarlas. Aparecen a modo de invitación que, sin más, se nos ofrece, bien sea para afianzar el rumbo de nuestras andaduras, bien para enmendar errores cometidos. Es lo que se conoce como «segundas oportunidades». En uno y otro caso son posibilidades para ser aprovechadas.

Si hiciéramos memoria de cuántas ocasiones se nos brindan para mejorar comportamientos y actitudes, capacidades y disposiciones, caeríamos en la cuenta de que han sido muchas; aunque, la mayoría de las veces, todo hay que decirlo, no hemos sabido aprovecharlas.

Sucede con frecuencia que afanosamente buscamos objetos de valor en la lejanía, mientras dejamos pasar la oportunidad de hacernos con preciados tesoros que tenemos cerca, al alcance de la mano. Mantenemos fijos los ojos en el barro que pisamos, al tiempo que pasa desapercibido el maravilloso espectáculo que tiene lugar por encima de nuestras cabezas. Nos hemos fabricado un mundo confortable donde poder vivir cómodamente, conformándonos solo con esto. En este mundo nuestro del asfalto, la velocidad y los rascacielos, se hace cada día más difícil ver estrellas en el cielo y poder disfrutar de las mil maravillas de nuestro alrededor.

Habría que decir con I. Manuel Gil: Una mano tendida puede convertirse en una oportunidad para acercarnos a los demás.

LAS OPORTUNIDADES EN LAS RELACIONES HUMANAS

En el campo de las humanas relaciones, las posibilidades que se nos ofrecen son también constantes. Cada poco se presenta la ocasión de ser amable, comprensivo, cariñoso con los otros. Nuevas y continuas oportunidades de generosidad para enriquecernos por dentro, y las dejamos pasar.

A mi memoria viene esa parábola de Tagore, que lleva por título «El menor grano de trigo». Es hermosa:

«Estaba mendigando de puerta en puerta por la calle de la aldea, cuando tu carro dorado apareció en la distancia, como un sueño espléndido, y me pregunté quién sería ese Rey de reyes… El carro se detuvo donde yo estaba. Tu mirada se posó sobre mí y descendiste del carro con una sonrisa. Sentí que por fin había llegado la ocasión de mi vida. De pronto tendiste la mano derecha diciendo: “¿Qué me puedes dar?”. ¡Ah, qué regia broma, tender tu palma a un mendigo para mendigar! Me quedé confuso e indeciso, pero luego saqué lentamente de mi bolsa un grano de trigo y te lo di. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando, al final del día, vacié mi bolsa en el suelo y encontré en aquel pobre montón de trigo un pequeño grano de oro! Lloré a lágrima viva y deseé haber tenido el valor de habértelo dado todo».

Era verdad que la ocasión había llegado. Me parece ver en esta fábula la expresión de una promesa, la del ciento por uno que aún sigue en pie.


268.- ¿Es compatible el marxismo con el cristianismo?

  Sabido es de todos la aversión de Marx por el cristianismo al que consideraba como un apéndice del capitalismo, calificándole como el opio...