2026-09-10

267.- Lugar del hombre en el cosmos

 


 

Nuestro sitio está aquí, en un mundo con fronteras, pero que nos pertenece a todos. Formamos parte de él y, a la vez, le poseemos con nuestro pensamiento y le trascendemos con nuestro espíritu inmortal.

Hace algunos años, el filósofo alemán Max Scheler sacaba a la luz un libro titulado Puesto del hombre en el cosmos, que poco a poco se ha ido convirtiendo en una obra de obligada referencia para antropólogos y filósofos.

En ella, el autor trata de responder a las grandes cuestiones: ¿qué es el hombre? y ¿qué lugar ocupa en el entorno de la realidad que le circunda?

Para Scheler, el hombre sigue siendo una realidad dual, pero no compuesta de cuerpo y alma, sino de vida y espíritu. La vida vendría a equivaler al cuerpo y el espíritu equivaldría a la razón de los griegos, pero en un sentido más extensivo y amplio.

Como las demás realidades mundanas, los hombres y mujeres ocupamos un espacio y un lugar desde donde nos hacemos presentes. A su vez, los físicos y los astrónomos siguen discutiendo sobre el origen del cosmos y cómo nosotros, los humanos, hemos llegado hasta él.

Lo que parece evidente es que el mundo está ahí y que nosotros estamos en el mundo y lo estamos de modo privilegiado. ¿O no es tan evidente?

Max Scheler y su reflexión filosófica sobre el lugar del ser humano en el cosmos.

¿OCUPA EL SER HUMANO UN LUGAR PREFERENTE?

¿Será verdad que los hombres y mujeres de esta tierra ocupamos el centro de los mundos?

Naturalmente, no estoy hablando de un centro geofísico, pues sabido es que la Tierra en que habitamos es un puntito minúsculo, perdido en la inmensidad de miles de galaxias.

Cuando digo centro, me refiero a una posición preferencial, a ser los primeros, los más importantes en orden a la dignidad y la excelencia.

Es así como lo quiso nuestro Creador:

“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes y el hijo del hombre para que de él te cuides? Lo has hecho poco inferior a los ángeles, le has coronado de gloria y majestad. Le diste señorío sobre las obras de tus manos. Todo lo sometiste bajo sus pies”. (Salmo 8).

LA CAPACIDAD DEL SER HUMANO PARA TRASCENDER EL MUNDO

El lugar preferente que ocupamos queda representado en nuestra capacidad mental, en nuestro poder de subjetivación.

Él nos ha hecho así.

El ser humano aparece como un sujeto rodeado de objetos; incluso el mismo universo no deja de ser un objeto del que podemos disponer y, en el orden mental, todos los hombres y mujeres somos capaces de algo sorprendente, cual es poder escapar del mundo sin dejar de estar dentro del mismo.

Prodigioso, realmente prodigioso.

Cualquiera, sin abandonar la silla en la que está sentado, puede trasladarse con su imaginación, ayudado por una cinta de vídeo, a cualquier punto de la Tierra, atravesar galaxias, sobrepasar los confines del cosmos.

Lo puede hacer el enfermo postrado en una cama, lo puede hacer el preso retenido entre rejas; todos lo podemos hacer, sin movernos del lugar donde nos encontramos.

La imaginación permite al ser humano trascender el mundo sin dejar de formar parte de él.

ESTAR EN EL MUNDO SIN SER DEL MUNDO

Estar en el mundo, sin ser del mundo, ha sido siempre la misión del místico cristiano, un sueño sublime que algunos humanos han hecho realidad.

Estar en el mundo, sin ser del mundo, sigue siendo afortunadamente una aventura apasionante para muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Los contemplativos de hoy y de siempre son un ejemplo de cómo se puede “ser sin estar”.

Cuando yo, en alguna ocasión, he podido visitar a estas almas contemplativas, dentro de su recinto enclaustrado, me he quedado con la impresión de que yo mismo estaba siendo testigo de esta maravillosa experiencia.


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Sobre la autoría

PerfilVer más artículos

Ángel Gutiérrez Sanz

Escritor y colaborador cultural en GraZie Magazine | Web

VIDA Y OBRA DE ÁNGEL GUTIÉRREZ SANZ

Ángel Gutiérrez Sanz nace en Alaraz (Salamanca) 20 de Julio (1939) en el seno de una familia cristiana, donde se tenía aprecio por la cultura. Fue el más pequeño de una familia numerosa, integrada por siete hermanos. Aquí aprendería las primeras letras. Apenas cumplidos los 11 años, abandona su pueblo natal con destino al internado que los PP. Dominicos tenían en La Mejorada, provincia de Valladolid, luego vendrían otros internados en la provincia de Segovia, Toledo y Ávila, por lo que solo pudo disfrutar del calor de familia en las vacaciones estivales. A los 12 años murió su padre y a los 23, aún sin haber concluido su carrera de filosofía en Madrid, murió su madre, por lo que se vio obligado a trabajar para costearse sus estudios de Filosofía, graduándose finalmente en Madrid por la Universidad Complutense, el año 1964.

Una vez licenciado en Filosofía y Letras y con los estudios completos de Teología, se puso a trabajar como profesor en colegios privados de Madrid. Posteriormente obtendría el grado de doctor por la misma universidad Complutense de Madrid, pero antes de que esto sucediera, fue llamado a filas y tuvo que cumplir su servicio militar, lo que supondría para él un grave contratiempo, al ver truncada su carrera y su vida profesional apenas iniciada. Una vez cumplidas sus obligaciones con la Patria, fue admitido en el mismo colegio que estaba trabajando y la vida volvería a recobrar su ritmo.

En el año 1967 se casaría con la pedagoga Francisca Abad Martín, fijando su residencia en Madrid.

A partir de este momento, Gutiérrez Sanz vivió entregado a la vida familiar, que supo conjugar perfectamente con su profesión de docente y también con sus estudios, porque en los primeros años de matrimonio, Ángel Gutiérrez estaba ocupado en preparar sus oposiciones, para obtener una plaza como profesor numerario de filosofía, a la vez que trataba de concluir su tesis doctoral. Fueron años difíciles, en que tuvo que trabajar duro y sin tregua, para conseguir lo que consiguió.  Cierto que a su lado tuvo siempre a una amiga y colaboradora, que siendo ya madre, no solo supo hacer frente a las circunstancias, manteniendo intacta durante cinco años la licencia por estudios, concedida por el Ministerio de Educación, para que pudiera cursar la carrera de Pedagogía, sino que logró que los ojos de su marido pudieran contemplar la realidad con el verde de la esperanza.

Pasados estos primeros años de matrimonio, la situación fue mejorando. La tesis doctoral que llevaría por título "La Ética en Baltasar Gracián" llegó a feliz término, mereciendo la máxima calificación de "Sobresaliente cum laude", siendo publicada posteriormente. Y sobre todo la obtención de una plaza como profesor titular de filosofía y luego como catedrático de esta misma asignatura, iba a suponer que Gutiérrez Sanz pudiera dedicarse a su pasión de escribir.

En su dilatada vida docente en la enseñanza publica, ha desempeñando diversos cargos directivos, pero ello no ha sido obstáculo para seguir trabajando en el campo de la investigación. Su compromiso   al servicio de la cultura ha quedado patente, tanto en las aulas como fuera de ellas, bien como conferenciante en diversos foros, en el Ateneo de Madrid por ejemplo, así como en colaboración con diversos medios de comunicación social, a través de revistas filosófico-teológicas, históricas. educativas o de pensamiento.

Digno de reseñar es que, siendo catedrático y jefe del Seminario de Filosofía del Instituto Miguel Servet de Madrid y en colaboración con un equipo de profesores de este mismo seminario, obtuvo el Primer Premio Nacional del Segundo Concurso de Prensa sobre artículos, en la modalidad de reportajes sobre Pedagogía, convocado por la Fundación Santa María (S.M.).

En el año 1990, Ediciones TAU saca a la luz su primer libro titulado " Aspectos de una sociedad en crisis", en donde el autor apunta las directrices por donde habría de discurrir su pensamiento.

A partir de entonces su vocación como escritor fue haciéndose más determinante, hasta el momento de su jubilación.

MÁS INFORMACIÓN EN: https://blogculturalgutierrezsanzangel.blogspot.com/p/sobre-mi_10.html

2026-09-01

266.- La ocasión desaprovechada

 



En la existencia humana hay momentos en que afloran situaciones favorables especiales, de las que se podría sacar provecho. Son ocasiones que se ponen a tiro, incluso sin buscarlas. Aparecen a modo de invitación que, sin más, se nos ofrece, bien sea para afianzar el rumbo de nuestras andaduras, bien para enmendar errores cometidos. Es lo que se conoce como «segundas oportunidades». En uno y otro caso son posibilidades para ser aprovechadas.

Si hiciéramos memoria de cuántas ocasiones se nos brindan para mejorar comportamientos y actitudes, capacidades y disposiciones, caeríamos en la cuenta de que han sido muchas; aunque, la mayoría de las veces, todo hay que decirlo, no hemos sabido aprovecharlas.

Sucede con frecuencia que afanosamente buscamos objetos de valor en la lejanía, mientras dejamos pasar la oportunidad de hacernos con preciados tesoros que tenemos cerca, al alcance de la mano. Mantenemos fijos los ojos en el barro que pisamos, al tiempo que pasa desapercibido el maravilloso espectáculo que tiene lugar por encima de nuestras cabezas. Nos hemos fabricado un mundo confortable donde poder vivir cómodamente, conformándonos solo con esto. En este mundo nuestro del asfalto, la velocidad y los rascacielos, se hace cada día más difícil ver estrellas en el cielo y poder disfrutar de las mil maravillas de nuestro alrededor.

Habría que decir con I. Manuel Gil: Una mano tendida puede convertirse en una oportunidad para acercarnos a los demás.

LAS OPORTUNIDADES EN LAS RELACIONES HUMANAS

En el campo de las humanas relaciones, las posibilidades que se nos ofrecen son también constantes. Cada poco se presenta la ocasión de ser amable, comprensivo, cariñoso con los otros. Nuevas y continuas oportunidades de generosidad para enriquecernos por dentro, y las dejamos pasar.

A mi memoria viene esa parábola de Tagore, que lleva por título «El menor grano de trigo». Es hermosa:

«Estaba mendigando de puerta en puerta por la calle de la aldea, cuando tu carro dorado apareció en la distancia, como un sueño espléndido, y me pregunté quién sería ese Rey de reyes… El carro se detuvo donde yo estaba. Tu mirada se posó sobre mí y descendiste del carro con una sonrisa. Sentí que por fin había llegado la ocasión de mi vida. De pronto tendiste la mano derecha diciendo: “¿Qué me puedes dar?”. ¡Ah, qué regia broma, tender tu palma a un mendigo para mendigar! Me quedé confuso e indeciso, pero luego saqué lentamente de mi bolsa un grano de trigo y te lo di. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando, al final del día, vacié mi bolsa en el suelo y encontré en aquel pobre montón de trigo un pequeño grano de oro! Lloré a lágrima viva y deseé haber tenido el valor de habértelo dado todo».

Era verdad que la ocasión había llegado. Me parece ver en esta fábula la expresión de una promesa, la del ciento por uno que aún sigue en pie.


2026-08-23

265.- Cando por la noche nos visite el llanto

 


Cuesta aceptar que el dolor es parte de nuestra condición humana, claro que cuesta mucho, pero es así y de nada serviría rebelarse contra ello. ¿Qué se puede hacer con algo que resulta inevitable? Sólo estar preparado. Cuando el dolor llame a mi puerta he de estar dispuesto. Conviene aprender a sufrir, pues como dice Unamuno “Hay que saber llorar y acaso sea ésta la sabiduría suprema”. (Del sentimiento trágico de la vida, 1986, 37) Puede que aprendiendo a llorar nos ayude a descubrir misterios escondidos en mi interior . Puede, incluso que la escuela del dolor nos enseñe a vivir

Sin duda, saber por qué se sufre es lo primero. Yo sé que hay mil razones y que un día las podré descubrir cuando llegue a la otra orilla, allí, los bienaventurados sabrán decirme como y porqué la alegría puede ser fruto de las lágrimas, pero no quisiera esperar tanto; me gustaría tener alguna razón ahora, tenerla disponible ya, y hacerla valer para cuando en la noche me visite el llanto.

Cuando merece la pena haber sufrido

Supongo que, a una madre que entre gemidos acaba de traer un hijo al mundo, no es preciso preguntarle si merece la pena haberlo pasado tan mal, ni al montañero que acaba de coronar con éxito la cima. Cualquiera sabe que el dolor fecundo no carece de sentido, pero seguimos preguntando: ¿qué sucede con el sufrimiento inútilmente? Rectifico. Está mal hecha la pregunta, porque el dolor si se sabe sobrellevar nunca es inútil o, cuando menos, no debiera serlo. Ni una sola lágrima que se derrama debiera resultar inútil, ninguna está llamada a perderse en el desierto árido, sino que todas están destinadas a regar los campos repletos de sazonados frutos.

El dolor es lacerante y duro, es verdad; si así no fuera, ya no sería dolor. Pero puede ser fecundo y con él lograr que la tierra baldía se convierta en tierra fértil y bendita. Cuando somos conscientes de que el dolor puede purificarlo todo, incluso nuestro interior más turbio comenzamos a darnos cuenta que no hay ningún dolor inútil.

Saber sobrellevar el dolor con dignidad.

Cuando esto sucede se consigue el milagro de hacer de lo pequeño algo sublime. Muchos son los que han sabido aprovechar los sufrimientos para demostrar a los demás y así mismos de lo que son capaces. Son hermosas las palabras que Teilhard, en una carta, le dirige a una hermana suya, encadenada a una silla de ruedas:

“Margarita, le decía, mientras que yo entregado a las fuerzas positivas del universo, recorría los continentes y los mares, tú, inmóvil, yacente, trasformabas silenciosamente la luz en lo más hondo de ti misma, las peores sombras del mundo”.

Que las lágrimas de la noche no te impidan ver las estrellas

En medio de la oscuridad de la noche aún puede contemplarse la luz de las estrellas. Navegando por los mares salados de las lágrimas se puede llegar a lagos apacibles de aguas dulces. Precisamente cuando la noche llega y el llanto nos visita, es cuando más necesidad tenemos de extraer del dolor de las mejores enseñanzas y también de curtirnos y hacernos fuertes . Seguramente nunca sabremos o que es amar si no hemos aprendido a llorar porque amar y sufrir van juntos.

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En su dilatada vida docente en la enseñanza publica, ha desempeñando diversos cargos directivos, pero ello no ha sido obstáculo para seguir trabajando en el campo de la investigación. Su compromiso   al servicio de la cultura ha quedado patente, tanto en las aulas como fuera de ellas, bien como conferenciante en diversos foros, en el Ateneo de Madrid por ejemplo, así como en colaboración con diversos medios de comunicación social, a través de revistas filosófico-teológicas, históricas. educativas o de pensamiento.

Digno de reseñar es que, siendo catedrático y jefe del Seminario de Filosofía del Instituto Miguel Servet de Madrid y en colaboración con un equipo de profesores de este mismo seminario, obtuvo el Primer Premio Nacional del Segundo Concurso de Prensa sobre artículos, en la modalidad de reportajes sobre Pedagogía, convocado por la Fundación Santa María (S.M.).

En el año 1990, Ediciones TAU saca a la luz su primer libro titulado " Aspectos de una sociedad en crisis", en donde el autor apunta las directrices por donde habría de discurrir su pensamiento.

A partir de entonces su vocación como escritor fue haciéndose más determinante, hasta el momento de su jubilación.

MÁS INFORMACIÓN EN: https://blogculturalgutierrezsanzangel.blogspot.com/p/sobre-mi_10.html

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