2026-09-01

266.- La ocasión desaprovechada

 



En la existencia humana hay momentos en que afloran situaciones favorables especiales, de las que se podría sacar provecho. Son ocasiones que se ponen a tiro, incluso sin buscarlas. Aparecen a modo de invitación que, sin más, se nos ofrece, bien sea para afianzar el rumbo de nuestras andaduras, bien para enmendar errores cometidos. Es lo que se conoce como «segundas oportunidades». En uno y otro caso son posibilidades para ser aprovechadas.

Si hiciéramos memoria de cuántas ocasiones se nos brindan para mejorar comportamientos y actitudes, capacidades y disposiciones, caeríamos en la cuenta de que han sido muchas; aunque, la mayoría de las veces, todo hay que decirlo, no hemos sabido aprovecharlas.

Sucede con frecuencia que afanosamente buscamos objetos de valor en la lejanía, mientras dejamos pasar la oportunidad de hacernos con preciados tesoros que tenemos cerca, al alcance de la mano. Mantenemos fijos los ojos en el barro que pisamos, al tiempo que pasa desapercibido el maravilloso espectáculo que tiene lugar por encima de nuestras cabezas. Nos hemos fabricado un mundo confortable donde poder vivir cómodamente, conformándonos solo con esto. En este mundo nuestro del asfalto, la velocidad y los rascacielos, se hace cada día más difícil ver estrellas en el cielo y poder disfrutar de las mil maravillas de nuestro alrededor.

Habría que decir con I. Manuel Gil: Una mano tendida puede convertirse en una oportunidad para acercarnos a los demás.

LAS OPORTUNIDADES EN LAS RELACIONES HUMANAS

En el campo de las humanas relaciones, las posibilidades que se nos ofrecen son también constantes. Cada poco se presenta la ocasión de ser amable, comprensivo, cariñoso con los otros. Nuevas y continuas oportunidades de generosidad para enriquecernos por dentro, y las dejamos pasar.

A mi memoria viene esa parábola de Tagore, que lleva por título «El menor grano de trigo». Es hermosa:

«Estaba mendigando de puerta en puerta por la calle de la aldea, cuando tu carro dorado apareció en la distancia, como un sueño espléndido, y me pregunté quién sería ese Rey de reyes… El carro se detuvo donde yo estaba. Tu mirada se posó sobre mí y descendiste del carro con una sonrisa. Sentí que por fin había llegado la ocasión de mi vida. De pronto tendiste la mano derecha diciendo: “¿Qué me puedes dar?”. ¡Ah, qué regia broma, tender tu palma a un mendigo para mendigar! Me quedé confuso e indeciso, pero luego saqué lentamente de mi bolsa un grano de trigo y te lo di. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando, al final del día, vacié mi bolsa en el suelo y encontré en aquel pobre montón de trigo un pequeño grano de oro! Lloré a lágrima viva y deseé haber tenido el valor de habértelo dado todo».

Era verdad que la ocasión había llegado. Me parece ver en esta fábula la expresión de una promesa, la del ciento por uno que aún sigue en pie.


266.- La ocasión desaprovechada

  En la existencia humana hay momentos en que afloran situaciones favorables especiales, de las que se podría sacar provecho. Son ocasiones ...