El
viaje de León XIV a España ha concluido y como suele suceder en estos casos,
para unos ha sido motivo de satisfacción y no tanto para otros, al no haber
sido escuchadas sus demandas.
Tal
como era previsible, León XIV ha visto cumplido el objetivo principal de esta singladura.
Cuando decidió venir a España tenía muy claro que este país representaba el
escenario ideal para lanzar un mensaje de esperanza a los migrantes. El muelle
Arguineguín, en Las islas Canarias, centro neurálgico de la ruta atlántica
emigratoria que viene desde Africa a Europa, bien podía ser tomado como punto
de referencia. León XIV fue en todo momento consciente de que en esta operación
contaba con el apoyo del presidente de gobierno español, Pedro Sánchez,
abanderado del movimiento emigratorio, quien le daría todo tipo de facilidades
y así poder regresar a Roma con el deber cumplido.
Otro
de los propósitos del Papa era hacer de mediador en una España polarizada, que
le ha recibido con los brazos abiertos. Estos días que ha pasado entre nosotros
han estado plagados de momentos intensos y emotivos, entre los que cabe destacar
la celebración eucarística del Corpus Christi en pleno corazón de Madrid. El
mundo entero ha podido ver por televisión, la estampa impresionante de casi un
millón y medio de asistentes al acto, postrados de rodillas adorando a
Jesucristo Sacramentado, con el corazón abierto y la plegaria en la boca, a
modo de canción, que nos trasportaba a aquel memorable
Congreso Internacional, celebrado allá por el 27 de mayo al 1 de junio de 1952,
en Barcelona, bajo el lema “La Eucaristía y la Paz”. Pareciera que no ha pasado
el tiempo, pero la verdad es que entre ambas efemérides media todo un abismo. El Congreso Eucarístico hay que ubicarlo en la
España profundamente católica, mientras que la celebración eucarística del Corpus,
de estos días, ha tenido lugar en una España manifiestamente laica, una especie
de burbuja en medio de un estanque y esta circunstancia ha de ser tenida en
cuenta, si no queremos caer en un irrealismo ingenuo e infantil, que para lo
único que puede servir es para acallar nuestras conciencias.
Por lo que respecta a otros eventos, merece la
pena hacer mención de algunos de los programados, con un balance francamente
positivo, por lo que a asistencia se refiere. No deja de ser una buena noticia
que “los jóvenes del papa” hayan acudido masivamente a escuchar unas
palabras de consuelo para sus vidas vacías, a las que no acaban de encontrar
sentido, pero es preciso dar un paso más, hasta llegar a ser “los jóvenes de
Cristo”, dispuestos a incendiar el mundo y asumir el compromiso cristiano
en toda su integridad, al modo y manera de como lo hicieron los
Jóvenes de Acción Católica que les precedieron y que tan
sabrosos frutos proporcionaron a la Iglesia. No es suficiente con acudir de vez
en cuando a una concentración religiosa, como si de una “fiestuca” cualquiera se tratara, hay que
comenzar a moverse. Todo menos quedar bostezando hasta que se produzca la
próxima concentración juvenil. Urge acabar con una vida lánguida y hacer de las parroquias un lugar asiduo de
encuentros juveniles y cuando la ocasión lo requiere, salir a la calle a dar
testimonio de Jesucristo y jugársela por defender la fe y las causas justas.
Masiva fue así mismo la afluencia en el
Movistar Arena, en el que se congregaron los diferentes agentes sociales,
integrados por educadores, empresarios, artistas,
deportistas, organizaciones sociales, sindicatos y patronales, con el fin de
estrechar lazos y cooperar conjuntamente en el logro de una sociedad más justa
y más humana. Todos ellos escucharon complacidos a León XIV, que
les habló de la necesidad de tener presente la dignidad de la persona en el
desarrollo de cualquier actividad humana, haciendo un llamamiento para
entretejer conjuntamente redes, que hicieran posible una sociedad más justa y
más humana. Lo deseable ahora sería que todos estos buenos propósitos se plasmaran
en proyectos reales y no cayeran en saco roto como es costumbre.
Mención aparte merece la sorprendente
comparecencia del Papa en el Parlamento Español, algo que sucedía por primera
vez a lo largo de su dilatada historia.
La cordial alocución del Papa a los diputados fue bien acogida por el
hemiciclo, teniendo como respuesta un aplauso cerrado de siete minutos de
duración. Algo insólito. ¿Cómo se explica que un parlamento donde no se tienen
en cuenta las directrices de la Iglesia y se legisla como si Dios no existiera,
dispense semejante trato de favor a un papa? Para responder a esta pregunta hay
que tener en cuenta la situación en que se encuentra el parlamentarismo español
que, enfangado en la corrupción, enfrentado al poder judicial y carente de
credibilidad, está viviendo sus horas bajas. Es por esto, por lo que la casta
política se ha mostrado tan complaciente y no sabe cómo agradecer el gesto que con
ellos ha tenido un referente moral de la talla de León XIV. El hecho solo de haber traspasado las puertas
del hemiciclo, ha supuesto para el parlamentarismo español un lavado de imagen,
un blanqueo que estaba necesitando como agua de mayo. ¿Cómo no agradecer la
presencia del Papa en el parlamento, si ello puede suponer el apuntalamiento de
un edificio que amenaza ruina?
Me gustaría finalmente hablar sobre la
escenificación y puesta a punto de este magno acontecimiento, que ha servido
para que la Iglesia Española saliera a la calle. ¿Qué cabe decir sobre el
montaje de esta histórica visita? Pienso
que, tanto en Madrid como en Barcelona, se cubrieron sobradamente las
expectativas más exigentes y es natural que así fuera, puesto que para ello no
se han escatimado recursos materiales y humanos. Lo que yo no sabría decir es,
si la espectacularidad ha podido dar pie a que se pensara que el catolicismo
español estaba viviendo un momento esplendoroso de su historia, alimentando de
este modo un triunfalismo infundado.
Con ello no estoy negando que la concurrencia
a los actos fuera masiva, lo que pongo en duda es que el único móvil de los
asistentes fuera de carácter religioso, pues como todos sabemos: “No es oro
todo lo que reluce”. En cualquier caso, el tema de la participación no
puede sacarse fuera de contexto y lanzar
las campanas al vuelo, para decir alegremente que aquí no ha pasado nada y
que España sigue siendo tan católica
como siempre lo ha sido, tratando así de quitar valor a las estadísticas, que
nos hablan de todo lo contrario o escondiendo la cabeza debajo de tierra para
no ver la realidad que está ante nuestros ojos y que no es otra que los bancos de los templos
casi vacíos, los sagrarios desiertos, conventos y monasterios que desaparecen
por falta de vocaciones y un analfabetismo religioso alarmante y generalizado
en la población. Cuidado con los triunfalismos narcotizantes, que pueden
inducirnos a dormirnos en los laureles pensando que todo está ya hecho.
La visita del
Papa ha concluido felizmente y hay que despertar del sueño, por muy bonito que
haya sido. Lo que ahora nos queda por delante es la cruda realidad, bien
distinta a lo vivido en estos días, pero hay que afrontarla tal como es, con la
seguridad de que Dios está de nuestra parte. Lo importante no es, que el Papa
haya tenido que regresar a su sede pontificia, lo importante es la certeza de
saber que Cristo sigue en medio de nosotros, caminando a nuestro lado y
compartiendo con todos, la dura, pero siempre maravillosa aventura del vivir.