El viaje del papa a España ha suscitado una notable expectación, tal y como suele suceder allí en los lugares que visita. Sin duda será recibido con entusiasmo general, si bien no todos con el mismo fervor, incluso algunos grupos minoritarios de izquierda española y movimientos laicos, muestran su reticencia y hubieran deseado que no viniera a España, así como movimientos independentistas que no han dudado en hacerse presentes, bajo el lema de "Yo no te espero" o “Europa Laica”, que tratan de torpedear su intervención en el Congreso de los Diputados, pero en realidad no es esto lo que más inquieta. Lo verdaderamente preocupante es que la visita del Papa se produce en un momento en el que España es un auténtico campo sembrado de minas, tanto por lo que respecta a la crisis interna de la Iglesia Española, como por lo que respecta al entorno político-social, que vive momentos turbulentos. A ello he de referirme a continuación.
Conviene tener presente que España hace 50 años dejó de ser la reserva espiritual de occidente, orgullo y esperanza de la Iglesia Católica, gobernada por Pio XII, para convertirse en un país en el que, de facto, impera el laicismo beligerante, que pretende relegar el fenómeno religioso al ámbito estrictamente privado, como lo demuestra el acoso policial a quienes acuden a rezar frente a las clínicas abortistas o la retirada de cruces y símbolos religiosos en virtud de la memoria histórica o memoria democrática. Cuestiones como éstas y otras de más envergadura teológica, han sido motivo para que en el catolicismo español se haya abierto una fisura profunda, que mantiene enfrentados a sectores con posturas difícilmente reconciliables. Los progresistas acusarán a los conservadores de haberse quedado estancados en el nacional-catolicismo de la “fachosfera” y éstos les devolverán la moneda tachándoles de haber traicionado su fe.
Suele suceder que las visitas pastorales pontificias sirven para que salgan a la luz esas tensiones ocultas enquistadas, fruto de debates internos y lo deseable sería que la voz autorizada del Vicario de Cristo abriera cauces de entendimiento, porque no nos engañemos, va a ser necesario el concurso de todos para hacer frente al fenómeno progresivo de la descristianización, que amenaza con invadirlo todo.
Habrá que abrir un debate sobre, si lo que procede es seguir defendiendo un pluralismo político y religioso, respetuoso con el principio de libertad religiosa o más bien lo que hay que hacer es, a la luz del evangelio, tratar de lograr una uniformidad, que permita a todos los católicos remar en la misma dirección. Lo que sí parece claro o al menos así se desprende del lema de este viaje, que reza: “Alzad la mirada”, es que hay que hacer un esfuerzo para alcanzar la unidad frente a la polarización. La cuestión ahora es saber si todo esto responde a una mera retórica o es el reflejo de una aspiración profunda. Ya para empezar, cabe reseñar que amplios sectores del catolicismo español se han visto profundamente decepcionados con el spot oficial sobre la vista del papa, que dura 2 minutos 30 segundos. Técnicamente excelente, estéticamente muy logrado, atractivo, sugerente, todo lo que se diga es poco; la cuestión está en que su mensaje, aun siendo muy humano y humanizador, queda huérfano de un contenido específicamente cristiano y cristianizador y éste es el problema que venimos arrastrando desde hace tiempo. La intencionalidad de la Nueva Evangelización era sin duda insertar el evangelio en la vida de las personas, para que éstas tuvieran ante sus ojos un horizonte de trascendencia, ante el que se sintieran atraídas, pero el mensaje que hemos tratado de trasmitir seguramente no ha sido lo suficientemente explicito o atractivo para que esto sucediera. No es que el mensaje haya sido demasiado humano, es que tal vez, no ha sido lo suficientemente divino. Después de todo, Dios no solamente es el fin último de toda evangelización, sino también el motor que, a través de la gracia y los sacramentos, en definitiva, través de su Santo Espíritu, es el que lleva a feliz término la obra de la salvación. En este viaje a España, al Santo Padre se le presenta la oportunidad de hablar con los interlocutores portadores de distintas sensibilidades, escuchar sus razones, sus planteamientos y una vez sabido de primera mano y no a través de intermediarios, lo que está pasando en España, hacer de mediador y actuar en consecuencia
Otro escenario distinto, pero también muy complejo, es el que su Santidad se va encontrar en el mundillo político-social. España está viviendo momentos de enorme convulsión. Los procesos judiciales contra dirigentes políticos se suceden. La corrupción política ha contaminado de tal modo la atmósfera que ésta se ha vuelto irrespirable, hasta el punto que, según el sentir de algunos observadores, estamos asistiendo al comienzo del fin. No deja de sorprender a propios y extraños que, el partido socialista actualmente en el gobierno, que tan poco respeto ha demostrado con la tradición religiosa del pueblo español, se muestre ahora tan complaciente con el Papa, a no ser que el Sr. Sánchez trate de instrumentalizar su visita a España en beneficio propio. Tal pudiera ser el balón de oxígeno que en estos momentos agónicos está necesitando el presidente. Por ironía del destino, los medios de comunicación, el jueves pasado, nos ofrecían dos instantáneas bien diferentes; por un lado, aparecía la foto del Sr. Sánchez en audiencia reservada con el Santo Padre y por otro la foto de la Unidad Central Operativa (UCO), registrando la sede del PSOE en la C/ Ferraz. Pocas veces se ha podido decir con tanta razón, que hay imágenes que valen más que mil palabras.
A León XIV, en su viaje a España, le espera una apretada agenda, en la que saldrán a relucir temas como la inmigración, la retirada de beneficios fiscales o la reparación de víctimas de abusos. Ojalá no fueran los únicos y se tuvieran también en cuenta la trascendencia de la “Resignificación del Valle de los Caídos”, “el proyecto en marcha de blindar constitucionalmente el aborto” o “las desastrosas consecuencias de la ideología de género en orden al matrimonio y la familia”. Pido a Dios que ilumine al Santo Padre para que su paso por España sea recordado como una bendición del cielo. El 7 de junio, festividad del Corpus Christi, a partir de las 10 h. de la mañana, muchos miles de personas acudirán a la plaza de Cibeles en el corazón de Marid, para escuchar el mensaje esperanzador del papa León XIV, que con voz potente gritará a los cuatro vientos que la verdad no es que Dios haya muerto, sino que Jesucristo vive y está en medio de nosotros