2022-02-16

78.- Retos educativos para un futuro próximo



 Hemos iniciado el nuevo siglo, teniendo sobre la mesa una abultada carpeta de asuntos pendientes, que piden pronta solución. La educación no puede seguir por más tiempo siendo un bien privado, al que sólo tiene acceso los ciudadanos de primera. No podemos olvidar que aunque se haya avanzado bastante en el campo de la escolarización, hay que seguir hablando de 900 millones de analfabetos en el mundo, razón por la cual, uno de los retos educativos mas importante del siglo XXI habrá de ser el llevar la cultura a todos los rincones de la tierra. 

Sigue siendo motivo de escándalo que se estén dedicando partidas desorbitadas al armamento bélico, mientras se conceden cantidades ridículas destinadas a la enseñanza. Dos grandes acontecimientos internacionales han venido a poner de manifiesto que éste es el gran desafío del mundo de la educación para los próximos lustros: primero fue La Conferencia de Educación Mundial para Todos, que tuvo lugar en Tailandia en el año 1990, donde se nos anuncian las necesidades básicas imprescindibles ( entiéndase lectura , escritura , expresión oral , cálculo, solución de problemas) para que los seres humanos puedan sobrevivir. Es una necesidad que todos tengan la posibilidad acceder a un cuerpo común de conocimientos. Es preciso universalizar el acceso a la educación y fomentar la equidad.

Otro acontecimiento a nivel mundial lo protagonizó la Comisión Internacional sobre educación para el siglo XXI, organizada por la UNESCO y presidida por Jacques Delors en 1996, en cuyo informe se manifiesta de forma clara y explícita que la educación constituye un bien colectivo.

Paralelo al reto de universalización de la educación hay que colocar la aspiración de homologación de la cultura, compartido tanto por la Confederación Mundial como por el Informe Delors, según el cual la educación debe ayudarnos a vivir juntos en la aldea planetaria y que esa convivencia deba formar parte de una cultura de la paz. En el horizonte, se vislumbra una educación, a través de la cual el individuo, a la vez que ciudadano de su propio país, debiera sentirse ciudadano del mundo. En estos momentos de conflictos, a nivel mundial, una educación para la paz se ve tan necesaria hoy en día que me ahorra cualquier tipo de justificaciones. Cuando hablamos de paz, nos referimos a ella como producto de una educación intercultural, que implica no sólo la ausencia de guerras, terrorismos y de violencias, sino también de un renacer de la justicia, de la solidaridad, así como el reconocimiento de los derechos humanos comunes a todos los hombres y el respeto a la dignidad de todas las personas, incluidas naturalmente , las mujeres. Aprender a vivir en paz es aprender a vivir en armonía con los demás, consigo mismo, con el mundo y desde mi perspectiva personal, vivir en paz  con Dios.

Esta educación planetaria, integradora de todas las culturas, podrá ser vista como una utopía; pero en cualquier caso es un sueño al que no hay que renunciar. A pequeña escala estamos viviendo ya en nuestros Centros de Enseñanza, situaciones que nos hacen pensar que el intercambio cultural, no sólo es posible, sino que cada vez más, está siendo una realidad ; ello nos anima a pensar en una paideia con ribetes de universalidad, en el marco de una cultura deslogizada y mundialista. Es muy posible que estas aspiraciones universalistas nos exijan tener que replantearnos los objetivos de la educación; pero si así fuera merecería la pena

Haré mención de un compromiso más, el que viene representado por la educación permanente. La UNESCO ha dejado bien clara la necesidad de una educación que dure toda la vida. Como ya observara Whiteheat " en el pasado todo cambio importante abrazaba un lapso de tiempo superior al de la vida humana ... hoy este intervalo de tiempo ha pasado a ser bastante más corto... de aquí que debamos preparar al hombre para hacer frente a multitud de nuevas situaciones. ( " Los fines de la educación". 1965.. Paidós. Buenos –Aires.) En el siglo XXI la humanización de las relaciones personales e institucionales, la dignificación de las personas, la igualdad entre hombres y mujeres, en definitiva todo lo que implica la Cultura de la Paz  van a depender en gran medida de que la educación llega a todos y dura toda la vida.

249.-Habermas , el filósofo de la conciliación

    Acaba de dejarnos Jürgen Habermas,  uno de los filósofos más influyentes de los últimos años, que será recordado como un hombre el conci...