Hemos iniciado el nuevo siglo, teniendo sobre la
mesa una abultada carpeta de asuntos pendientes, que piden pronta solución. La
educación no puede seguir por más tiempo siendo un bien privado, al que sólo
tiene acceso los ciudadanos de primera. No podemos olvidar que aunque se haya
avanzado bastante en el campo de la escolarización, hay que seguir hablando de
900 millones de analfabetos en el mundo, razón por la cual, uno de los retos
educativos mas importante del siglo XXI habrá de ser el llevar la cultura a
todos los rincones de la tierra.
Sigue siendo motivo de escándalo que se estén
dedicando partidas desorbitadas al armamento bélico, mientras se conceden
cantidades ridículas destinadas a la enseñanza. Dos grandes acontecimientos
internacionales han venido a poner de manifiesto que éste es el gran desafío
del mundo de la educación para los próximos lustros: primero fue La Conferencia de
Educación Mundial para Todos, que tuvo lugar en Tailandia en el año 1990, donde
se nos anuncian las necesidades básicas imprescindibles ( entiéndase lectura ,
escritura , expresión oral , cálculo, solución de problemas) para que los seres
humanos puedan sobrevivir. Es una necesidad que todos tengan la posibilidad
acceder a un cuerpo común de conocimientos. Es preciso universalizar el acceso
a la educación y fomentar la equidad.
Otro acontecimiento a nivel mundial lo
protagonizó la
Comisión Internacional sobre educación para el siglo XXI,
organizada por la UNESCO
y presidida por Jacques Delors en 1996, en cuyo informe se manifiesta de forma
clara y explícita que la educación constituye un bien colectivo.
Paralelo al reto de universalización de la
educación hay que colocar la aspiración de homologación de la cultura, compartido
tanto por la
Confederación Mundial como por el Informe Delors, según el
cual la educación debe ayudarnos a vivir juntos en la aldea planetaria y que
esa convivencia deba formar parte de una cultura de la paz. En el horizonte, se
vislumbra una educación, a través de la cual el individuo, a la vez que
ciudadano de su propio país, debiera sentirse ciudadano del mundo. En estos
momentos de conflictos, a nivel mundial, una educación para la paz se ve tan
necesaria hoy en día que me ahorra cualquier tipo de justificaciones. Cuando
hablamos de paz, nos referimos a ella como producto de una educación
intercultural, que implica no sólo la ausencia de guerras, terrorismos y de
violencias, sino también de un renacer de la justicia, de la solidaridad, así
como el reconocimiento de los derechos humanos comunes a todos los hombres y el
respeto a la dignidad de todas las personas, incluidas naturalmente , las
mujeres. Aprender a vivir en paz es aprender a vivir en armonía con los demás,
consigo mismo, con el mundo y desde mi perspectiva personal, vivir en paz con Dios.
Esta educación planetaria, integradora de todas
las culturas, podrá ser vista como una utopía; pero en cualquier caso es un
sueño al que no hay que renunciar. A pequeña escala estamos viviendo ya en nuestros
Centros de Enseñanza, situaciones que nos hacen pensar que el intercambio
cultural, no sólo es posible, sino que cada vez más, está siendo una realidad ;
ello nos anima a pensar en una paideia con ribetes de universalidad, en el
marco de una cultura deslogizada y mundialista. Es muy posible que estas
aspiraciones universalistas nos exijan tener que replantearnos los objetivos de
la educación; pero si así fuera merecería la pena
Haré mención de un compromiso más, el que viene
representado por la educación permanente. La UNESCO ha dejado bien clara la necesidad de una
educación que dure toda la vida. Como ya observara Whiteheat " en el
pasado todo cambio importante abrazaba un lapso de tiempo superior al de la
vida humana ... hoy este intervalo de tiempo ha pasado a ser bastante más
corto... de aquí que debamos preparar al hombre para hacer frente a multitud de
nuevas situaciones. ( " Los fines de la educación". 1965.. Paidós.
Buenos –Aires.) En el siglo XXI la humanización de las relaciones personales e
institucionales, la dignificación de las personas, la igualdad entre hombres y
mujeres, en definitiva todo lo que implica la Cultura de la Paz van a depender en gran medida de que la
educación llega a todos y dura toda la vida.