Según
me informa el cofundador de GraZie Megazine, D. Bernabé Heras Díaz, su revista acaba
de estrenar una nueva Sección, que llevará por título:
“TESTIGOS SILENCIOSOS”, destinada a proyectar el foco sobre tantos y tantos
temas y asuntos, objetos, situaciones y acontecimientos, que duermen el sueño
de los justos, sin que nadie haya reparado en que son portadores de un
mensaje profundo, que
merece la pena descifrar. El proyecto me ha parecido tan sugerente que he
decidido sumarme a él.
El
vaciamiento rural es uno de esos fenómenos de nuestro tiempo, que nos hiela la
sangre y nos obliga a dedicar un recuerdo emocionado a los que un día fueron
pequeños núcleos urbanos llenos de vida, esparcidos por nuestra piel de toro y que
por diversas razones han sido borrados del mapa. Se calcula que son más de 3000
los pueblecitos, aldeas o villorrios desaparecidos en los últimos años,
repartidos todos ellos por la extensa y variada geografía de la vieja Hispania,
entre páramos y campiñas, llanuras y estepas, al abrigo de los montes o en acantilados frente al mar abierto.
Tengo
la impresión de que estamos asistiendo a la agonía de esa España rural,
relicario bendito de tradiciones y cultura milenarias y me siento triste por
ello. Dicen que se nos está muriendo a pedazos nuestra España vetusta y con solera , que en sus calles ya no se escucha el griterío de los niños, que faltan
brazos vigorosos para cultivar sus tierra y en las ventanas de sus casas no se
ven ya mocitas soñando primaveras, dicen, en fin, que también nuestros mayores han desaparecido, llevándose consigo el sabor de la tierra que les vio nacer y también las esencias y valores de la España profunda, en la
que siempre creyeron y a la que honraron
con un patriotismo incondicional.
Desde
hace tiempo, los pueblos abandonados de nuestra geografía, se ha convertido en testigos
silenciosos, que nos interpelan, sus casas construidas con adobe y barro, con
pedruscos y vigas de madera, siguen oliendo a aprisco, a retama quemada, a
hogaza recién sacada del horno. En mis incursiones por estas sagradas ruinas,
lo que intento conseguir no es tanto realidades históricas contundentes, cuanto
empatizar con quienes fueron mis ancestros, busco crear una imagen de ellos en
mi retina y poder dedicar mi cariñoso agradecimiento a sus moradores. Sin
olvidarme de que la vida es como es y que los tiempos cambian, no me cansaré de
repetir con Cicerón: ¡Oh tempora oh mores!
