2026-06-18

251.- Ruinas sagradas en triste orfandad

 



 

Según me informa el cofundador de GraZie Megazine, D. Bernabé Heras Díaz, su revista acaba de estrenar una nueva Sección, que llevará por título: “TESTIGOS SILENCIOSOS”, destinada a proyectar el foco sobre tantos y tantos temas y asuntos, objetos, situaciones y acontecimientos, que duermen el sueño de los justos, sin que nadie haya reparado en que son portadores de un mensaje profundo, que merece la pena descifrar. El proyecto me ha parecido tan sugerente que he decidido sumarme a él.

El vaciamiento rural es uno de esos fenómenos de nuestro tiempo, que nos hiela la sangre y nos obliga a dedicar un recuerdo emocionado a los que un día fueron pequeños núcleos urbanos llenos de vida, esparcidos por nuestra piel de toro y que por diversas razones han sido borrados del mapa. Se calcula que son más de 3000 los pueblecitos, aldeas o villorrios desaparecidos en los últimos años, repartidos todos ellos por la extensa y variada geografía de la vieja Hispania, entre páramos y campiñas, llanuras y estepas, al abrigo de los montes o en acantilados frente al mar abierto.

Tengo la impresión de que estamos asistiendo a la agonía de esa España rural, relicario bendito de tradiciones y cultura milenarias y me siento triste por ello. Dicen que se nos está muriendo a pedazos nuestra España vetusta y  con solera , que en sus calles ya no se  escucha el griterío de los niños, que faltan brazos vigorosos para cultivar sus tierra y en las ventanas de sus casas no se ven  ya mocitas  soñando primaveras, dicen, en fin, que  también nuestros mayores han desaparecido,  llevándose consigo  el sabor de la tierra que les vio nacer  y  también  las esencias y valores de la España profunda,  en  la que siempre creyeron  y a la que honraron con un patriotismo incondicional.

Desde hace tiempo, los pueblos abandonados de nuestra geografía, se ha convertido en testigos silenciosos, que nos interpelan, sus casas construidas con adobe y barro, con pedruscos y vigas de madera, siguen oliendo a aprisco, a retama quemada, a hogaza recién sacada del horno. En mis incursiones por estas sagradas ruinas, lo que intento conseguir no es tanto realidades históricas contundentes, cuanto empatizar con quienes fueron mis ancestros, busco crear una imagen de ellos en mi retina y poder dedicar mi cariñoso agradecimiento a sus moradores. Sin olvidarme de que la vida es como es y que los tiempos cambian, no me cansaré de repetir con Cicerón: ¡Oh tempora oh mores!

2567-Desacralización del humanismo cristiano

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